diumenge 26 de febrer de 2012

Ovidi Montllor - Voleu Guerra?


Un estómac cada volta més prim 
més encongit i delicat, etc... 
Unes despeses necessàries pel cap 
cada colp més: aspirines, calmants. 
Un cor més malaltís. Més cansat, 
quotidianes angoixes i patirs 
per notícies, per morts, per tot. 
Va bé senyors? Va bé? 
Una pell inclement marcada al viu 
dura i aspra. Una pell cicatriu. 
Uns ossos plens de reuma. Encarcarats. 
Una sang canviada a poc a poc 
ara ja no és sang bona. Mala sang! 
Uns ulls cansats de veure fàstics, 
bestieses. Imatges terrorífiques. 
Unes orelles sordes de sentir 
mentides. Paraules i sorolls. 
Va bé senyors? Va bé? 
Una boca mandrosa. Cansada. 
Amiga de les mans: Tapa´t la boca! 
Un cervell desfet. Turmentat. 
Uns pulmons a mig gas. Destrossats. 
Una remor companya cada instant. 
Terrible, que m´empeny al combat. 
El darrer, el més fort, dia a dia. 
Un fetge com un bou: demanant la topada. 
I ara què senyors? Va bé? Va bé? 

I una esperança que no em deixa mai: 
Al capdavall morir-me content. 

divendres 17 de febrer de 2012

Las revoluciones paralelas de Yemen



Periodismo humano
   17-02-2012

Los yemeníes se rebelan contra los dirigentes corruptos que sustentaron al dictador Ali Abdullah Saleh, que por fin ha abandonado el país Las protestas se han extendido a todo el país, logrando destacadas dimisiones o ceses de socios del dictador "La revolución, tanto la grande como las pequeñas, están demostrando cuán civilizados somos”, explica una activista
Cada mañana, cuando Fatima Saleh se encamina hacia sus aulas de la Universidad de Sanaa, la joven yemení se deleita durante algunos minutos en alguna de las minirevoluciones que encuentra a su paso. “Siempre hay una protesta delante de una u otra empresa”, explica por correo electrónico. “Hoy, por ejemplo, vi a miles de soldados de la Fuerza Aérea exigiendo que su máximo responsable, Mohamed Saleh, hermano del [presidente Ali Abdulla] Saleh, se marche. Cantaban Sacrificaremos nuestras almas por ti, Yemen y la gente de la calle se unía para corear con ellos”.
Las protestas contra el general Mohamed Saleh al Ahmar son el último episodio de las revoluciones populares -para los yemeníes, las “revoluciones institucionales”- contra los dirigentes corruptos que durante tres décadas sustentaron el poder del presidente derrocado Ali Abdullah Saleh, actualmente en Estados Unidos después de 33 años de dictadura y once meses de revolución popular.
Su salida, rodeada de polémica ya que gozará de inmunidad, ha sido el cuarto éxito cosechado por las revoluciones árabes tras Túnez, Egipto y Libia, y ha dado fuerzas a una población poco habituada a tomar iniciativas y dispuesta a luchar por un futuro digno. Como explica Fatima, “la gente ha roto el muro del miedo, y no está dispuesta a aceptar más dictadores corruptos ni en su país ni en sus puestos de trabajo. Es emocionante. Temíamos que, tras la caída de Saleh, sus hermanos e hijos se quedaran controlando el país pero la gente ya no tiene miedo y ahora es consciente del poder que tenemos en nuestras manos”.
El potencial humano de los yemeníes, hastiados de tiranía, podría acabar con un sistema de poder feudal tejido durante décadas de dictadura. Esa parece ser la nueva revolución del país de la reina de Saba: acabar con los caciques designados por el tirano que se han enriquecido durante estos años a costa de convertir a Yemen en el país más pobre de todo el mundo árabe y el segundo del mundo en nivel de desnutrición infantil tras Afganistán, con 750.000 menores de cinco años pasando hambre y medio millón de niños en riesgo de morir por desnutrición sólo este año, según Maria Calivis, responsable de la UNICEF para Oriente Próximo.
“El poder de Ali Abdullah Saleh dependía de crear centros de poder y de favorecer a ciertas tribus que, con el tiempo, terminaron gobernando el país”, explica por correo electrónico Yasir al Arami, director de Al Masdar Online, una de las webs informativas yemeníes que han seguido el fenómeno de cerca. “Su poder dependía de sus relaciones personales con ellos, sustentadas a su vez mediante dinero, coches o tierras, y así sustituyó el Estado y sus instituciones por sus amigos. Saleh solía decir que esa era la única forma de gobernar Yemen, pero era mentira: los yemeníes sólo queríamos un Estado de derecho con instituciones fuertes. El país entero vivía en la debilidad, el Parlamento no tenía poder, y la corrupción estaba muy extendida”.
Un Estado, en definitiva, a medida de la dictadura que ignoraba las necesidades de la población. “Creo que las cosas comenzaron a ir realmente mal en 1994, porque incluso llevando en el poder desde los 80 no tenía todo el control, aunque en un país con un elemento tribal tan fuerte eso sea difícil. Se equivocó cuando comenzó a situar a familiares en las más altas posiciones”, valora el periodista yemení Abdul Baqer al Shamahi, director de la web informativa commentmideast.com, contactado por Periodismo Humano.
Ahí residía la fuerza de una dictadura que mantenía a su población asustada, enfrentada, empobrecida y sin educación para evitar levantamientos. Hasta que se rompió el muro del miedo. “En Yemen se ha roto la sensación de divinidad que rodeaba al liderazgo”, explica la directora del Yemen Times, Nadia Abdulaziz al Sakkaf, en una conversación mantenida en Beirut, a donde acudió invitada por el Foro de la Mujer Arabe. “Cuando la gente se dio cuenta de que podía librarse de los líderes incluso tratándose de un hombre como Saleh, que les gobernó con mano de hierro durante 33 años, se preguntó ¿por qué no hacerlo también en casa? Y volvieron la vista a las instituciones, donde los jefes han estado allí por siempre: en el periódico del Ejército, el 26 de Septiembre, el director llevaba 36 años a cargo, más que el presidente. Y dijeron basta”.
La revolución que comenzó en febrero de 2011 acabó con el tirano y con la resignación de su pueblo. Como dice Al Shamahi, “no hay que olvidar que los yemeníes no tienen nada que perder. Muchos han visto la revolución como la última oportunidad para tener un mejor futuro”. Y la corrupción ha sido uno de los grandes males de Yemen en las últimas décadas. Nada era posible en el país sin pagar un soborno y la población se sentía incapaz de combatir contra un sistema tan arraigado en el país como cualquier tradición tribal. De ahí que, una vez que Saleh firmó el acuerdo del Consejo de Cooperación del Golfo que le concedía inmunidad a cambio de entregar el poder a su número dos y abandonar el país, los manifestantes encontrasen en la corrupción un campo de batalla primordial donde dejar claro que no buscan una revolución a medias, sino un cambio radical de sistema.
A juicio de Al Arami, la revolución institucional empezó “exactamente después de que Saleh firmase el acuerdo del Golfo, el 23 de noviembre de 2011”. Su primer objetivo fue Yemenia Airways, la compañía nacional de aviación, gestionada durante 14 años por el capitán Abdel Khalq al Qadi, yerno de Saleh. Miles de empleados se plantaron en una huelga que terminócerrando los dos principales aeropuertos del país, Sanaa y Aden. El nuevo ministro de Transportes del Gobierno de transición sustituyó a Al Qadi, y la victoria sirvió de espoleta para otras muchas protestas que hoy se extiende por todo el país.
“Yemenia Airways es una compañía conocida por su mala gestión”, relata el periodista yemení Abdul Baqer al Shamahi, director de la web informativa commentmideast.com, en un intercambio de correos electrónicos. “Las cosas se extendieron en lugares como la Oficina de Guía Moral de los militares contra el general Ali Hassan al Shater, y eso fue realmente la inspiración para muchos otros lugares porque Al Shater es considerado un hombre realmente próximo a Saleh”, añade.
“Al Shater llevaba 36 años en su puesto. Es conocido por ser un corrupto y presuntamente tiene su propia prisión personal para soldados y oficiales que disientan con él. Los oficiales protestaron en sus cuarteles y tomaron el control del diario 26 de septiembre, el influyente periódico del Ejército, publicando un editorial donde exigían su dimisión. El nuevo Gobierno de unidad lo ha cesado, incluso pese a la oposición de Saleh, quien ahora ve desaparecer su base de poder”, prosigue Al Shamahi.
Los éxitos alentaron nuevas protestas y la revuelta contra oficiales corruptos no tardó nada en extenderse. Un día después de la salida del dictador Saleh del país, cuatro bases (Sanaa, Al Anad, Taiz y Hodeida) vivían amotinamientos de sus uniformados exigiendo el cese de su máximo superior, Mohamed Saleh. “No a la injusticia, no a la dictadura, no a la corrupción”, podía leerse en uno de los muros de la base de Al Anad.
En el Ministerio del Interior, los empleados se rebelan contra el general Fadel Al Qusi, cuñado del dictador. Ha habido huelgas y manifestaciones de empleados en lugares tan dispares como el servicio de limpieza de Taez, el puerto y la autoridad de Guardacostas de Hodeidah, las instituciones educativas de Tarim, en la región de Hadramut, o la televisión estatal de Aden entre otros lugares, que han logrado el cese de sus destinatarios. Según un recuento de la agencia Associated Press, al menos 18 agencias estatales se han visto afectadas por estas huelgas de empleados.
“Puedo contabilizar decenas de oficiales corruptos que ya han tenido que abandonar sus puestos de trabajo en todo el país por las protestas en su contra”, prosigue Fatima Saleh. “Esincreíble y precioso al mismo tiempo. Lo más grande que nos ha pasado [en estos once meses de revolución] es que hemos aprendido a expresarnos y exigir nuestros derechos pacíficamente. La nuestra no es una población educada y está muy armada, pero la revolución, tanto la grande como las pequeñas, están demostrando cuán civilizados somos”.
“El riesgo es que se está convirtiendo en una moda”, puntualiza Nadia al Sakker. “Cualquiera con motivos personales puede lanzar una revolución contra su enemigo. Son casos aislados, pero ocurre. Estamos en plena transición política y eso implica que no hay investigaciones, nadie responde a las acusaciones, no hay gente neutral que pueda indagar los motivos del malestar contra el directivo cuestionado y eso implica caos. Y el reemplazo de la persona cuestionada suele ser su número dos, no alguien electo o nuevo”, suspira la periodista, pionera en las protestas sociales de Yemen junto a la Premio Nobel Tawakkul Karman. “Somos como niños pequeños que acabamos de probar caramelos. Es fácil tomar muchos, y nos hemos librado de los padres que nos prohibían tomarlos”.
Son los primeros pasos de una nueva era. La revolución yemení sólo acaba de empezar y la población no se ha dejado llevar por el entusiasmo por la caída de Saleh, sino que está dispuesta a luchar porque los responsables paguen por décadas de abusos. La primera reacción tras la salida del tirano, en lugar de celebrarlo, fue salir a las calles para protestar por la inmunidad legal otorgada a Saleh, denunciada también por ONG internacionales y por Naciones Unidas.
“Estábamos confundidos sobre cómo actuar, porque Saleh se va con inmunidad pese a haber matado a 2000 yemeníes en esta revolución”, relata Fatima Saleh, una activista que desde el primer momento se implicó en la revolución pacífica que llenó las calles de yemeníes exigiendo libertad y dignidad. “La iniciativa del Golfo [el acuerdo del Consejo de Cooperación del Golfo diseñado por Arabia Saudí para encontrar una salida digna al dictador, para Riad un aliado clave en la región] no le presionaba para abandonar el poder, más bien le daba tiempo a matar para luego concederle inmunidad. Pese a todo, su salida es una victoria para la revolución”, razonar la universitaria, que admite estar feliz por los acontecimientos aunque la evolución no sea la deseada.
El acuerdo del Golfo, ratificado por el Parlamento yemení, concede protección total a Saleh y parcial a sus asesores, entre ellos los jefes de las principales unidades militares responsables de la represión, su hijo Ahmad y sus sobrinos Yahia y Ammar Mohamed. Además la Cámara Baja ha convocado para el 21 de febrero unas elecciones presidenciales con un solo candidato, el vicepresidente de Saleh, Abdo Rabu Mansur Hadi, que será el encargado por dos años de diseñar la transición.
Es una broma, ni siquiera se trata de una elección constitucional dado que la Constitución de Yemen establece que cualquier comicio debe ser competitivo. Al margen de eso, hay que pensar en el dinero que vamos a gastar en esas elecciones de un solo candidato mientras la gente vive en crisis. Sólo hay que leer los informes de la ONU sobre el desastre humanitario que vive Yemen. Creo que tendrían que haber nombrado al vicepresidente presidente por un periodo de transición menor de dos años sin estas elecciones, ahorrando dinero y recursos”, lamenta Saleh.
Pese a las dificultades, el balance de los acontecimientos de las últimas semanas en Yemen es más que positivo y solo alenta el optimismo. “Lo que está pasando nos enseña que los héroes que han conseguido derrocar 33 años de dictadura pueden hacer lo mismo con cualquier otro régimen”, concluye Al Arami. “Los yemeníes han tomado el camino hacia la libertad, la justicia, la democracia y la igualdad” Y eso no tiene marcha atrás.
Imagen: Tawakkul Karman, premio Nobel de la Paz, se dirige a la multitud en una protesta para exigir que se retire la inmunidad de Saleh. Hani Mohammed / AP
Fuente: http://periodismohumano.com/en-conflicto/las-revoluciones-paralelas-de-yemen.html

dijous 16 de febrer de 2012

La complexa situació a Siria- un testimoni oficial


Entrevista a Ahmed Manaï, observador de la Liga Árabe en Siria
"La Liga Árabe ha sepultado el informe de los observadores sobre Siria"

Nawaat


Hemos entrevistado a Ahmed Manaï, uno de los 166 observadores de la Liga Árabe enviados a Siria, antiguo experto internacional de Naciones Unidas, defensor de la democracia en Túnez y autor de Tunisian Torture. The Secret Garden General Ben Ali .Nawaat: Como miembro tunecino de los observadores enviados por la Liga Árabe, ¿cuál ha sido su reacción ante el veto chino y ruso al borrador de resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Siria?
Ahmed Manaï: De enorme satisfacción por el pueblo sirio y por Siria, por su presente y su futuro. El veto sino-ruso ha salvado a un país, a la cuna de la civilización árabe y mundial, de la destrucción absoluta a la que le condenaban y a la que otras potencias bélicas árabes estaban a punto de hacerle padecer. Gracias al veto, confío en que Siria no conozca el destino de Iraq, tan cercano, con sus millones de muertos, sus tres millones de huérfanos, sus dos millones de viudas, sus cuatro millones de refugiados y su sociedad desestructurada. No conocerá el incierto destino de Libia, devastada y desmembrada.
N: Ha escrito usted en Facebook que la decisión de «hacer regresar al embajador sirio» en Túnez no emana del presidente Marzouki, sino de Rached Ghannouchi, líder del partido islamista Ennahdha, y de Qatar. ¿quién respalda esta información?
AM: En primer lugar, me gustaría recordar que Siria no tiene embajador en Túnez desde hace más de un año, sino solo un subsecretario para ciertos asuntos.
No es preciso rastrear este tipo de información hasta otra fuente que no sea el propio señor Ghannouchi. Lo único que hace falta es recuperar sus declaraciones y recordar, por ejemplo, las que hizo en noviembre de 2011, creo, donde «decidió» que Túnez hiciera volver al embajador sirio. Más adelante, declaró: «Convertiría a las embajadas de Yemen y Siria en oponentes de los dos países», seguramente al margen de la Convención de Ginebra que rige las relaciones diplomáticas y consulares.
Fue el único dirigente de un partido político que ha ganado unas elecciones. Por suerte, el gobierno en aquella época había suavizado su celo. Ahora lo es todo y decide todo, aun cuando no sea en calidad de más que presidente de un partido líder de la mayoría en la Asamblea Nacional Constituyente. ¿Por qué Qatar? Porque este país, subcontratado para realizar trabajos sucios, que impulsa la «iniciativa árabe», ha ordenado a todos los países que están bajo su supervisión a acompañar la reunión del Consejo de Seguridad del día 4 de febrero con una acción concertada para quebrar a Siria. Lo tuvieron todo en cuenta menos el doble veto. También dio instrucciones a algunos medios de comunicación para que calentaran un poco más el ambiente. El CNT sirio ha recomendado a sus partidarios que ocupen las embajadas sirias de todo el mundo y a sus militantes y grupos armados que se distingan mediante acciones a gran escala. Sin embargo, debo reconocer que tengo amigos en la liga que me han confirmado algunas cosas, entre ellas la alineación incondicional de la delegación tunecina con la Liga Árabe en Qatar.
Por otra parte, todo sintoniza con el enfoque de los «hermanos» y sus aliados árabes, turcos y occidentales.

N: ¿Cuál es su opinión sobre la decisión de «hacer volver al embajador»?

AM: Recuerdo que Túnez ha enviado una delegación oficial que participó en la redacción del informe sobre la misión en Siria. Si los tunecinos que tomaron la decisión hubieran consultado a los miembros de la delegación sobre la situación de Siria, seguramente les habrían aconsejado otra cosa. Tampoco sé si quienes han decidido estaban al tanto de esta misión que incluye embajadores, autoridades y altos cargos.
Así pues, ¿cuál es mi opinión? Creo que es una decisión precipitada, tomada por aficionados a la diplomacia y las relaciones internacionales, ignorantes del daño que causan a los intereses y a la imagen de un país que se distingue desde hace mucho por su diplomacia sabia y equilibrada, o dictada por alguien más poderoso que ellos.
Curiosamente, ninguna de las potencias que hace unas semanas estaban a punto de poner en marcha sus planes con Siria ha recurrido a la ruptura de relaciones.

N: ¿Quiénes son los distintos agentes implicados (se ha hablado de Irán, Hizbulá, los iraquíes...) en los sucesos que acontecen en Siria desde marzo de 2011? ¿Podría dar algún detalle más de estos actores?
AM: Irán e Hizbulá son aliados estratégicos de los sirios. Los iraquíes, por el contrario, tenían malas relaciones, aunque ahora estamos presenciando la reconciliación.
¿Se implicarían en los acontecimientos de Siria? No creo que los sirios necesiten la ayuda de nadie para gestionar la situación que viven en su país. Muchos medios de comunicación han hablado de que los combatientes de Hizbulá y de la Guardia Revolucionaria islámica iraní se implicarían en la represión de manifestantes. No es más que propaganda. Pero es cierto que cooperan a fondo en cuestiones de inteligencia, por ejemplo.
Hay otros países muy implicados en la crisis siria, como los países del Golfo encabezados por Qatar, Turquía y todos los países de la OTAN. Entre ellos, hay quienes acogen de buen grado grupos armados en su territorio, otros se ocupan de financiarlos, otros los entrenan y otros les dan cobertura informativa.
Hay más agentes importantes, como los rusos y los chinos, pero como hemos visto en la última votación del Consejo de Seguridad, su papel es principalmente de apoyo.
Pero, además de estos Estados, también hay unos cuantos movimientos políticos muy influyentes, como el de los Hermanos Musulmanes o los salafistas.

N: ¿Qué opina de la cobertura informativa en Siria? ¿Qué se puede decir de la censura?
AM: En Siria hay una cobertura informativa del exterior y otra del interior.
Una de las preguntas que contenía el protocolo que debía cumplir la misión de observadores tenía que ver con los medios de comunicación y las condiciones en que trabajan. El informe final incluía la siguiente cuestión: «Verificar la autorización concedida por el gobierno sirio a los medios de comunicación árabes e internacionales, e investigar las posibilidades que tienen de moverse libremente por todas partes de Siria...
41.- El gobierno sirio, a través de su ministro de información, confirmó que había autorizado a 147 medios de comunicación distintos, árabes e internacionales, desde principios de 2011, y hasta el 15 de enero de 2012. 112 medios extranjeros distintos han visitado el nuevo territorio sirio para sumarse a otros 90 que ya tienen allí destinados corresponsales permanentes.
42.- La misión ha seguido esta cuestión y ha señalado la presencia de 36 medios árabes e internacionales y de una serie de periodistas en determinadas ciudades sirias. Ha recibido algunas quejas que indican que el gobierno sirio ha concedido permisos a determinados medios para operar en Siria por un periodo no superior a cuatro días, considerados insuficientes a su juicio, además de no permitirles desplazarse en el interior del país a menos que precisen su destino de antemano y soliciten otra autorización para poder acceder a zonas delicadas. El gobierno sirio está dispuesto a proporcionar a los medios concesiones renovables de diez días.
43.- Algunas declaraciones e informes de ciertos sectores de la Misión demuestran la existencia de restricciones al movimiento de los medios en los sectores de la oposición, lo que hace que, en muchos casos, los periodistas se muevan al margen del movimiento de la misión para llevar a cabo sus tareas.
44.- La ciudad de Homs fue testigo del asesinato de un periodista francés que trabajaba para France 2, y de las heridas sufridas por un periodista belga. En ambos casos, el gobierno y la oposición han intercambiado acusaciones sobre la responsabilidad de estos incidentes y han hecho declaraciones públicas donde condenan al bando rival. El gobierno sirio ha creado una comisión de investigación para determinar las causas de los incidentes. Es preciso señalar que los informes de la misión de la Liga Árabe en Homs indican que el periodista francés murió por fuego de mortero de la oposición.
Para responder a la pregunta sobre el papel de los medios de comunicación internacionales, hay unos sesenta canales de televisión por todo el país, que no dejan de emitir continuamente y en todos los idiomas un aluvión de mentiras y propaganda desvergonzada sobre la situación de Siria.

N: Volvamos al «veto»; hace casi un año que Rusia y China, junto con Alemania, Brasil y la India, se abstuvieron sobre la resolución 1973 que autorizaba el uso de la fuerza contra el régimen de Gadafi en Libia. ¿Cómo explica la utilización de ese veto, en esta ocasión, en el caso de Siria?
AM: La resolución 1973 sobre Libia aprobada para garantizar la protección de la población civil fue secuestrada por los países de la OTAN. El resultado de la guerra de la OTAN contra Libia, todavía poco conocido entre la opinión pública, ha sido catastrófico. Rusia y China no ejercieron su derecho a veto creyendo tal vez que la resolución se respetaría al pie de la letra. También sucede que Libia, aun con su producción petrolífera de casi el 4 por ciento de la producción mundial, no tiene el mismo peso estratégico que Siria, cuya producción de petróleo es casi insignificante.
El doble veto sino-ruso ha impedido que se acorrale a Siria y, además, que ambos países se conviertan en los próximos objetivos de Occidente. Es, sobre todo, la afirmación del fin de un mundo dominado por Estados Unidos y el regreso a un mundo bipolar. Hay otra razón que explicó el jefe de la diplomacia rusa, según la cual en esta resolución había una cláusula secreta que autorizaba el uso de la intervención armada.
N: Rusia y China tienen interés por mantener a Bashar Al Assad al frente del gobierno sirio por motivos puramente económicos que encontrarían obstáculos en caso de un embargo de armamento; según el grupo de analistas ruso Cast, en el año 2010 Siria compró armas a Rusia por valor de 700 millones de dólares, un 7 por ciento de las ventas del sector ruso... ¿Por qué la comunidad y los medios de comunicación internacionales se muestran ofendidos por el veto sino-ruso ya anunciado por el embajador ruso en la ONU, Vitaly Churkin, el 4 de octubre de 2011 y, luego, este jueves, 2 de febrero de 2012?
A.M: Los Estados no tienen sentimientos, sino intereses. No cabe duda de que los rusos y los chinos tienen muchos intereses económicos, comerciales y estratégicos en Siria. La venta de armas no es más que una pequeña parte de ellos.

N: ¿Le parece sospechosa la masacre de Homs, que acabó con más de 200 vidas, la más mortífera desde que comenzaron los sucesos?
A.M: La matanza lleva firma y sus autores se mofan de nuestra inteligencia. ¿Se puede creer durante un instante siquiera que un gobierno, el que fuera, cometería semejante atrocidad el día que se está exponiendo su situación ante el Consejo de Seguridad de la ONU?
 De hecho, esta maniobra forma parte de una intervención global y concertada según la cual los «activistas sirios» en el extranjero ocupan las embajadas y consulados sirios, «respondiendo al llamamiento de embajadores sirios en los países árabes y, por supuesto, a la matanza de Homs». Pensemos en la matanza: quienes veían la televisión aquel día han visto imágenes de muchas víctimas. La mayoría de ellas tenían las manos atadas a la espalda y algunos tenían el rostro contra el suelo. Quienes orquestaban la campaña nos dijeron que eran las víctimas del bombardeo de edificios y viviendas por parte de tanques e, incluso, por las fuerzas aéreas sirias. Curiosamente, esas víctimas no presentaban heridas ni signo alguno de que se hubieran derrumbado sus casas. Cada cual puede extraer las conclusiones que quiera. En todo caso, durante todo el día 4 de febrero, los ciudadanos sirios dieron testimonio de que se reconocían como víctimas, pariente y vecinos expulsados durante una semana e, incluso, meses. Cada cual extrae las conclusiones que quiere.

N: En respuesta a este veto y tras la matanza de Homs, que tantos ecos ha tenido en la escena internacional, Susan Rice, la embajadora estadounidense ante la ONU, dijo que los dirigentes rusos y chinos tendrán las manos manchadas con todos los derramamientos de sangre posteriores. ¿Qué piensa usted de esta escala da de tensión y conjuntos de intereses entre China y Rusia frente a Estados Unidos, Francia y Reino Unido, todos los cuales son miembros permanentes del Consejo de Seguridad?

AM: La mejor respuesta que se pudo dar a Susan Rice provino del embajador sirio ante la ONU, que le recordó los 60 vetos que Estados Unidos impuso para desbaratar las resoluciones de condena a Israel. Pero hay una amenaza muy velada en la declaración de Rice, porque podría correr la sangre en Siria. La coalición contra Siria continuará con su campaña para desestabilizar Siria y está planteándose recurrir pronto a la Asamblea General de la ONU para obtener el derecho a intervenir militarmente. En términos generales, estamos viviendo un regreso a la guerra fía, esta vez con una Rusia y China más poderosas, con el apoyo garantizado de una serie de países emergentes y un Occidente que se enfrenta a una crisis decadente.
N: El 8 de enero, los buques de guerra sirios han atracado en la base naval rusa del puerto de Tartous en Siria, algo ya planificado desde agosto de 2010... Con este veto, ¿nos encontraríamos en una fase catastrófica de una fase de preparación para la guerra cuyos aliados parecen cada vez más definidos?
A.M : Después de la guerra de ocupación de Iraq y la vergonzosa retirada de las tropas estadounidenses, resulta difícil creer que los estadounidenses puedan reengancharse con una guerra que comporte la presencia de tropas sobre el terreno. Así, en el caso de libia prefirieron implicar a la aviación de la OTAN y apoyarla al final.
Este escenario no es válido en el caso de Siria porque se trata de una potencia relativamente importante y tiene aliados muy poderosos. Por tanto, la coalición contra Siria ha decidido hacer estallar la situación desde dentro del país creando, financiando, armando y encabezando estallidos de rebelión.
¿Estamos en vísperas de una guerra? Si hay guerra, no se circunscribirá a las fronteras de Oriente Próximo. Todo el mundo está convencido, incluso quienes hacen los planes más agresivos.

N: Al seguir trabajando con el gobierno sirio y la dividida oposición siria, la Liga Árabe parece creer en una posible «solución política» a la crisis siria, en un sentido que suponga que el presidente Bashar Al-Assad delegue sus poderes en el vicepresidente para, en un plazo de dos meses, formar un gobierno de unidad nacional que lleve al país a unas elecciones libres. El veto sino-ruso impide la resolución; ¿qué tipo de presión cree que está preparando para someter a Bashar Al-Assad?
AM: La Liga Árabe está absolutamente desautorizada por haber sepultado el informe de su propia misión de observadores y su llamamiento al Consejo de Seguridad. Perdió la oportunidad de participar en la definición del problema sirio. Lo único que puede ofrecer para el futuro carece de valor. Ahora le ha llegado a Rusia el turno de ejercer el liderazgo, pero también a la dirección de Siria le ha llegado el turno de acelerar e implantar las reformas.
N: A su juicio, ¿cuál es el verdadero peso del CNS (proclive a la intervención militar) y el National Coordinating Comittee for Democratic Change (contrario a la intervención y del que raras veces oímos hablar en los medios de comunicación internacionales)?
AM: El CNS no tiene muy buena fama en Siria, precisamente porque pide una intervención armada. Los sirios tienen una larga tradición de patriotismo y una prolongada historia de resistencia a la dominación extranjera. Por el contrario, en el exterior, es un socio predilecto y querido de los medios de comunicación de los políticos, que apoyan y financian.
Además, el CNS no cuenta con representantes en el interior del país y uno de sus integrantes, los kurdos, acaban de abandonarlo.
Es distinto el caso del Coordination Committee, porque sus representantes son casi todos activistas del interior del país, y no tienen portavoces en el exterior, Haytham Manna. Es bastante normal que no se hable de este comité en los medios de propaganda y desinformación que apoyan la intervención.

N: ¿Cómo valora las acciones emprendidas por los desertores del ejército sirio? ¿Tiene alguna prueba que demuestre que el Ejército de Liberación Sirio (ELS) comete actos de barbarie?
AM:  El informe de la misión de los observadores árabes hablaba de la existencia del ELS y de otros grupos armados que atacaban a las tropas gubernamentales, realizaban secuestros de civiles a quienes se liberaba solo tras el pago de un rescate y cometían asesinatos, sabotajes de instalaciones petrolíferas, edificios civiles, trenes y vías ferroviarias...
N: Última pregunta: ¿podemos estar a favor o en contra del gobierno de Bashar Al-Assad y del propio presidente?
AM: Quienes crean que la marcha del presidente resolvería todos los problemas del país, son sencillamente unos idiotas. Hemos sido incapaces de aprender de los ejemplos de Túnez, Egipto y Yemen y de coincidir en que los momentos posteriores a la dictadura suelen ser más difíciles de gestionar que las propias dictaduras porque la oposición todavía no ha aprendido a gobernar.
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13-02-2012


Notas
(1) Realizada en árabe y traducida al inglés por Kacem Jlidi

Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez

Fuente:
http://nawaat.org/portail/2012/02/08/ahmed-manai-the-arab-league-has-buried-the-observers-report-on-syria/ (donde se puede consultar el informe de la misión en lengua árabe)

dimecres 15 de febrer de 2012

Com Estats Units ha sortit derrotat de l'Iraq

El fracaso de un proyecto imperialista o cómo Estados Unidos ha salido derrotado de Iraq,   Pedro Rojo Pérez  IraqSolidaridad , 16 de enero de 2012


“La decisión del presidente Barack Obama de retirar las tropas estadounidenses de Iraq es la consecuencia final de una pérdida paulatina del control de Estados Unidos sobre los resortes de poder iraquíes; es el fin lógico de una ocupación mal planificada, tanto en lo militar como en lo social y lo político; es una derrota sin paliativos del proyecto estadounidense en Iraq”
El comiat de les tropes  Foto: web
La decisión del presidente Barack Obama de retirar las tropas estadounidenses de Iraq es la consecuencia final de una pérdida paulatina del control de Estados Unidos sobre los resortes de poder iraquíes; es el fin lógico de una ocupación mal planificada, tanto en lo militar como en lo social y lo político; es una derrota sin paliativos del proyecto estadounidense en Iraq. Estados Unidos se retira dejando al país sin visos de reconstrucción económica [1], anémico en lo político y controlado desde la sombra por su enemigo número uno: Irán.

En mayo de 2003, Paul Bremer, el procónsul estadounidense en Iraq, cometía un error estratégico al dictar la Orden nº2, por la que   disolvía el ejército, las fuerzas de seguridad y el Ministerio del Interior iraquíes, después haber declarado ilegal el Partido Baaz mediante la Orden nº1, error que ha lastrado todas las decisiones posteriores de la ocupación estadounidense, lo que ha obligado  a los distintos equipos al frente de su gestión a improvisar medidas a corto plazo. La falta de una estructura militar —que se demostró inapelable en la invasión— resultó inadecuada para garantizar la seguridad del país y hacer frente a una creciente resistencia popular armada, nutrida, en buena parte, por antiguos militares del ejército recién desmantelado, y colocó a los estadounidenses en una situación muy delicada. Las bajas estadounidenses que en algunos meses, como en el verano de 2007, llegaron a superar los cien muertos, obligaron a buscar con urgencia un aliado sobre el que construir las nuevas fuerzas de seguridad.

El aliado envenado fueron las milicias de los partidos políticos chiíes iraquíes que regresaron a la sombra de la ocupación estadounidense tras su exilio en Irán, donde combatieron contra Iraq en la guerra irano-iraquí. Las Brigadas del Báder, milicias del Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq (por entonces el partido chií más fuerte), se convirtieron en la columna vertebral de las nuevas fuerzas de seguridad [2].

A corto plazo, la obediencia de estas fuerzas a Irán no fue un problema para Washington pues sus intereses coincidían con los de Teherán y le servía para hacer frente a la resistencia iraquí con métodos que incluyen ejecuciones sumarias, torturas o castigos colectivos entre otras violaciones de los Derechos Humanos, violaciones todas ellas documentadas por diversas organizaciones iraquíes e internacionales.

El respiro militar que empezó a sentir Estados Unidos a finales de 2007 fruto de la creación de estas fuerzas de seguridad, sumado al proyecto de los consejos Al Sahua [3] en regiones sunníes, el cerco económico impuesto sobre la resistencia y el aumento de los efectivos militares estadounidenses, sirvió de cortina de humo para ocultar la pérdida de poder real que se estaba produciendo en las instituciones políticas iraquíes.

El acuerdo de seguridad (SOFA en sus siglas en inglés) firmado entre Washington y Bagdad en noviembre de 2008 [4], y que finalmente ha llevado a la salida total de las tropas, fue un signo de esa creciente presión de Iraq sobre Estados Unidos, cada vez más impotente en el control de los asuntos iraquíes.

Envueltos en la nebulosa de los supuestos gobiernos leales a Washington, los estadounidenses no han sabido gestionar el aspecto estratégico de su presencia en Iraq. Perdidos en esa visión tan a corto plazo que no les permitía planificar a futuro,  han ido perdiendo resortes de presión contra el gobierno y las instituciones públicas iraquíes, por otra parte cada vez más dependientes de Irán.

En las semanas previas a las elecciones legislativas de marzo 2010 [5] se escenificó —bajo el foco de los medios de comunicación— esta incapacidad para imponer sus propios intereses al perder el pulso por los llamados candidatos “desbaacificados” (candidatos que no pudieron presentarse a las elecciones por su supuesto pasado baacista). La maraña político-administrativa controlada por el sector proiraní, hizo inútiles los viajes y las amenazas veladas del vicepresidente Joe Biden, y dos de los tres cabezas de la lista Al Iraquiya (lista no sectaria y apoyada por Washington)  no pudieron concurrir a las elecciones. Biden aceptó la derrota y aseguró que se trataba de un asunto interno iraquí en el que Estados Unidos no se entrometía.

Mucho menos elegante, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, aseguró públicamente, al conocerse la noticia de la victoria de Al Iraqiya, públicamente que Ayad Alawi, líder de la lista, jamás sería primer ministro. Y así fue. Casi un año después, tanto Alawi como su apoyo internacional se rinden ante la realidad y desbloquean el reparto de poder, facilitando así la formación del nuevo gobierno con 37 ministros, aunque sigue sin nombrarse el ministro de Seguridad. La solución de consenso ha sido Nuri al Maliki, que tampoco era la primera opción iraní pero que ha servido bien a los intereses iraníes desde su llegada al poder, como  opción de consenso de segunda fila, después de que los principales líderes chiíes no llegaran a un  acuerdo entre ellos, en mayo de 2006.

La negociación para la prórroga de la presencia militar estadounidense en Iraq más allá del 31 de diciembre de 2011, que hace unos meses se daba por descontada, se llevó a cabo dentro de un nuevo marco: el de las revoluciones árabes en general y de la siria en particular. La intención de Teherán era aceptar la prórroga de la presencia de las tropas estadounidenses en territorio iraquí a cambio de que se rebajase la presión internacional contra el régimen de Al Asad.

Al marco de las permanentes negociaciones que durante todos estos años se han llevado a cabo entre Washington y Teherán respecto a Iraq,  el régimen de los ayatolás incorporó, en la primavera de 2011, un nuevo elemento de presión en forma de ataques contra las bases estadounidenses, ataques perpetrados por las milicias proiraníes (o directamente por los comandos iraníes desplegados en Iraq) y con sofisticados misiles iraníes. Sin embargo, el efecto deseado ha sido el contrario. Ante la convulsa situación que vive la zona y la clara vulnerabilidad de las tropas estadounidenses rodeadas por un escenario triplemente hostil (una población que cada viernes pide en manifestaciones pacíficas el final de la ocupación, la resistencia iraquí que sigue bombardeando bases y atacando convoyes aunque de forma limitada y, finalmente, unas milicias iraníes equipadas con armamento mucho más sofisticado y letal, y dispuestas a actuar cuando la situación regional así lo exija), la decisión de retirada total [6] es, por fin, una decisión estratégica que rompe el impase de estos nueve años de ocupación y permite a Estados Unidos centrarse en su batalla contra Irán desde una posición de menor vulnerabilidad.

En el marco de esta lucha regional, el futuro a corto plazo, se presenta sombrío para Iraq. Nuri al Maliki no esperó a que se retirase oficialmente el último marine para lanzar una ofensiva a todos los niveles cuya finalidad no era otra que hacerse con el vacío dejado. La batalla desatada implica a la justicia (orden de detención contra el vicepresidente Tareq al Hashemi), a la política (intento de despojar de su puesto como vice primer ministro a Saleh al Mutlak, su viceprimer ministro) y a las fuerzas de seguridad (detenciones masivas contra las bases populares de la oposición al proceso político).

Los recientes atentados deben analizarse en el contexto de esa lucha por el poder,  como así ha declarado el vicepresidente Hashemi, quien aseguró que dichos atentados solo pueden perpetrarse con la colaboración de sectores de las fuerzas de seguridad.

Por primera vez, las fuerzas apoyadas por Irán van a tener que hacer frente al control de la seguridad en Iraq sin el apoyo estadounidense. Hasta ahora, todas las facciones de la resistencia armada han declarado y defendido públicamente que hasta lograr la expulsión del ocupante estadounidense no atacarían salvo en situación de autodefensa, a las tropas iraquíes, a las milicias iraníes o a Al Qaeda. Su mirilla puede cambiar de dirección una vez que, oficialmente, no quedan ocupantes estadounidenses. Pero, sobre todo, la capacidad militar de la resistencia puede cambiar si Estados Unidos levanta el veto a los países árabes para que la financien y así hacer frente a la expansión iraní hasta sus fronteras, hoy por hoy, la gran obsesión de los países de la zona por encima de Israel.

No obstante, la opción por la que sin duda se decantan todas las fuerzas nacionalistas es por el triunfo de la revolución de los jóvenes iraquíes en pie desde el 25 de febrero de 2011[7]. Sin apenas cobertura mediática, la revolución de los jóvenes iraquíes  ha sido aplastada a sangre y fuego por las fuerzas de seguridad iraquí. La resistencia armada y las tribus contrarias al proceso político mantienen suspendidas medidas más drásticas, que podrían significar una fractura del país, hasta ver si fructifica esta revuelta. Si la revolución sigue el modelo tunecino o egipcio —sin líderes destacados y con un alto grado de unidad nacional—, el resultado sería la mejor de las luces al final del sombrío túnel que atraviesan los iraquíes desde la invasión estadounidense en 2003. 


Notas de Iraqsolidaridad 

diumenge 12 de febrer de 2012

Una educación bajo ocupación




Cuando en diciembre salieron de Iraq los últimos soldados estadounidenses, también salieron muchos periodistas que habían cubierto la guerra, lo que dejó poca cobertura informativa sobre el Iraq de la posguerra. Aunque hubo notables excepciones (entre ellas dos artículos excelentes de John Tirman del MIT [1], quien se preguntaba cuántos iraquíes habían muerto como consecuencia de la invasión estadounidense [2]), en general, la prensa de Estados Unidos publicó muy pocos artículos sobre los efectos de la ocupación, especialmente sobre las consecuencias para los iraquíes.Como profesor universitario que soy me interesa particularmente lo sucedido en las universidades iraquíes bajo la ocupación estadounidense. No es una historia agradable.
Photo: Ali al-Saadi/AFP/Getty  Un professor iraquià dona classes sota el sostre fet de canya a una escola al sud de l'Iraq, a la ciutat de Nasiriyah

Hasta la década de 1990, Iraq tal vez contara con el mejor sistema universitario de Oriente Próximo. El gobierno de Saddam Hussein utilizaba los ingresos procedentes del petróleo para financiar la enseñanza gratuita de los estudiantes universitarios iraquíes, que suministraba médicos, científicos e ingenieros, quienes se incorporaban a la próspera clase media del país y sustentaban su desarrollo. Si bien la disidencia política estaba estrictamente prohibida, las universidades iraquíes eran instituciones seculares y profesionales abiertas a Occidente, además de uno de los entornos en los que se mezclaban hombres y mujeres, suníes y shiíes. También las escuelas se esforzaban por educar a las mujeres [3], que hasta 1991 representaban el 30 por ciento de las plantillas universitarias iraquíes, una proporción, dicho sea de paso, mejor que la de Princeton nada menos que en el año 2009. Dada su fama de excelencia, las universidades iraquíes atraían a muchos estudiantes de los países vecinos; los mismos países que ahora dan cobijo a los millares de profesores iraquíes que huyeron del Iraq ocupado.
Las universidades iraquíes iniciaron su declive en los 12 años posteriores a la Guerra del Golfo de 1991. Cuando el régimen internacional de sanciones prohibió las suscripciones a revistas y las adquisiciones de equipamiento, los salarios universitarios se desplomaron y 10.000 profesores iraquíes abandonaron el país [4]. El profesorado que se quedó se vio cada vez más aislado de las evoluciones y de los nuevos desarrollos de sus respectivos campos.
En 2003, tras la invasión, muchos profesores iraquíes confiaban en que su sistema universitario renacería bajo la ocupación estadounidense; esperaban recibir financiación para comprar libros, sustituir equipamiento y reparar los daños causados por las sanciones. Y esperaban que una tolerancia renovada favoreciera el debate y la investigación. En realidad, sucedió lo contrario.
Todo comenzó durante el caos subsiguiente a la invasión. Mientras los soldados estadounidenses protegían los ministerios del Petróleo y del Interior, pero ignoraban los enclaves que albergaban bienes del patrimonio cultural, los saqueadores expoliaban las universidades [5]. Por ejemplo, todas las colecciones de la biblioteca de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Bagdad y de la Universidad de Basora quedaron destruidas [6]. Rajiv Chandresekara, del diario The Washington Post, describía [7] en 2003 una escena en la Universidad de al-Mustansiriya: «El 12 de abril, el campus de edificios de ladrillo amarillo y explanadas de hierba fue despojado de sus libros, ordenadores, equipos de laboratorio y mesas. Hasta el cableado eléctrico fue arrancado de las paredes. Lo que no se robó, ardió en llamas, cuyas columnas de humo negro inundaron ese día la capital.»
Al mismo tiempo, Estados Unidos despojó a las universidades iraquíes de su posición de liderazgo. En su primer decreto ejecutivo [8] como nuevo jefe de la Autoridad Provisional de la Coalición de Iraq, Paul Bremer apartó de los cargos de dirección de todas las instituciones públicas a quienes pertenecieran al partido Baaz. Como para ascender en el Iraq de Hussein era necesario afiliarse al partido Baaz (tanto si se le apoyaba de veras como si no), la orden tuvo como consecuencia inmediata la desaparición de la mayor parte de los gestores y profesores universitarios. En palabras de la periodista Christina Asquith [9], tras la purga “[…] la mitad de los intelectuales y académicos más destacados había desaparecido”. El control sobre las universidades iraquíes pasó a residir entonces en manos de Andrew Erdmann, estadounidense de 36 años de edad, con buenas relaciones en las redes de influencia del Partido Republicano estadounidense, quien fuera asesor del Ministro de Educación de Iraq. Erdmann no hablaba árabe y no tenía la menor experiencia en gestión universitaria.
En septiembre de 2003, a Erdmann le sucedió en el cargo John Agresto, antiguo presidente del St. Johns College de Nuevo México, un conservador que se opuso a la educación multicultural durante las guerras culturales estadounidenses de la década de 1980. Agresto fue escogido para dirigir el sistema universitario iraquí porque tenía buenas relaciones con Lynney Cheney y Donald Rumsfeld. Tampoco hablaba árabe y, cuando Chandresekaran, del The Washington Post, le preguntó qué había leído para prepararse para su misión, el nuevo máximo mandatario educativo de Iraq dijo que había decidido no leer ni un solo libro sobre Iraq porque así tendría una “[…] mentalidad abierta”.
Agresto calculó que harían falta 1.200 millones de dólares para reconstruir 22 grandes universidades y 43 escuelas e institutos politécnicos de Iraq. Dado que en 2004 el Congreso estadounidense había destinado más de 90.000 millones de dólares a las labores de reconstrucción y a lucha contra la resistencia en Iraq, no se trataba de una cifra exorbitante, sino significativamente inferior a los 2.000 millones de dólares que Naciones Unidas y el Banco Mundial habían estimado que sería el mínimo necesario. Para hacerse una idea de las magnitudes, 1.200 millones de dólares es el presupuesto anual [10] de la Universidad estatal de Carolina del Norte. Sin embargo, el Congreso estadounidense solo aprobó ocho millones de dólares: menos del uno por ciento de lo que Agresto solicitó. Dicho de otro modo, el Congreso estadounidense le dijo a las universidades iraquíes que se las arreglaran por su cuenta.
La Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID, en sus siglas en inglés) sí reservó 25 millones de dólares para contribuir a revitalizar las universidades iraquíes, pero el dinero acabó en las universidades estadounidenses para promover el desarrollo curricular. Por ejemplo, USAID entregó cuatro millones de dólares (la mitad de la cantidad destinada por el Congreso para restaurar la totalidad del sistema universitario iraquí) a la Universidad estatal de Nueva York en Sony Brook, que se destinarían a establecer un nuevo currículo de arqueología para cuatro universidades iraquíes.
En 2004, las universidades iraquíes saqueadas, depauperadas y despojadas de sus cuadros intelectuales y administrativos encarnaban uno de los últimos espacios, en un país cada vez más sumido en tensiones sectarias, en lo que se podían reunir personas de diferente credo. No obstante, el compromiso fundamental de muchos miembros de las comunidades universitarias con el cosmopolitismo y la tolerancia interreligiosa convirtió a las propias universidades en blanco de los extremistas sectarios y fundamentalistas. Milicias armadas amenazaban a las mujeres que no se cubrieran la cabeza e intimidaban a los profesores que dijeran cosas que nos les agradaran. Según el The Washington Times [11], a finales de 2006 habían sido asesinados 280 profesores iraquíes [12], y otros 3.250 habían huido del país. Entre los asesinados se encontraban Muhammad al-Rawi, [vice] rector de la Universidad de Bagdad ; Isam al-Rawi, un profesor de geología que fue asesinado [13] cuando recopilaba información y elaboraba estadísticas sobre los profesores universitarios iraquíes asesinados; y Amal Maamlaji, profesora shií de Tecnología de la Información y defensora de los derechos de las mujeres en una universidad de mayoría suní, que fue asesinada [14].
El profesorado que tuvo la fortuna suficiente de poder desplazarse al extranjero pasó a formar parte del gran éxodo de clase media que salió de Iraq bajo la ocupación estadounidense. Se calcula que entre los años 2003 y 2007, el 10 por ciento de la población de Iraq y el 30 por ciento de sus profesores, médicos e ingenieros se marcharon a países vecinos: fue el desplazamiento [15] de refugiados árabes más importante desde la huida de palestinos de Tierra Santa, acaecido varias décadas antes.
Así pues, en solo 20 años el sistema universitario iraquí pasó de ser uno de las mejores de Oriente Próximo a ser uno de los peores. Este descomunal acto de destrucción institucional fue llevado a cabo en buena medida por los dirigentes estadounidenses, quienes nos dijeron que la invasión estadounidense de Iraq llevaría al país modernidad, desarrollo y derechos para las mujeres. En cambio, como ha señalado el politólogo Mark Duffield, ha desmodernizado parcialmente el país. En palabras de John Tirman [16], la incapacidad de Estados Unidos para reconocer el sufrimiento que la ocupación ha impuesto a Iraq “[…] Es un fracaso moral, además de un error estratégico garrafal”. Iraq representa un punto ciego de nuestro discurso nacional, un elemento que obstaculiza el crecimiento cultural y se deriva del doloroso reconocimiento de un error; y perjudica la evaluación racional de la intervención extranjera. ¿Es demasiado tarde para asomarse al espejo?
Notas del autor y de IraqSolidaridad:
1.- John Tirman, The Forgotten Wages of WarThe New York Times, 3 de enero de 2012.
2.- John Tirman, Why do we ignore the civilian killed in American wars?The Washington Post, 6 de enero de 2012.
3.- Souad Al Azzawi, Decline of Iraqi Women Empowerment Through Education under the American Occupation of Iraq, 2003-2011, ponencia del Seminario Internacional sobre la situación de los académicos iraquíes, celebrado en la Universidad de Gante y coorganizado por el Tribunal Bruselas. Un resumen de la ponencia está disponible en español.
4.- The Christian Science Monitor, Iraq losing its best and brightest, 21 de septiembre de 2004.
5.-Véase Narrar la destrucción de un país, nota informativa sobre la edición del libro Iraq bajo Ocupación: la destrucción de la identidad y la memoria, Edición de Carlos Varea, Paloma Valverde y Ester Sanz, 23 de enero de 2009. Véase también Dirk Adriansens et al. Cultural cleanisng in Iraq, Why museums were looted, libraries burned and academics murderedPluto Press, London, 2010.
6.- Michale Otterman et al. Erasing Iraq: The human costs of Carnage, Pluto Press, New York, 2010.
7.- Rajiv Chandrasekaran, An Educator Learns the Hard Way: Task of Rebuilding Universities Brings Frustration, Doubts and DangerWashington Post Foreign Service, 21 de junio de 2004.
8.- Véase el texto completo en inglés del primer decreto ejecutivo del procónsul Paul Bremer, 16 de mayo de 2003.
9.- Cristina Asquith, What the US Didn’t Do in Iraq EducationEducation News, 15 de junio de 2004.
10.-Véase NC State University
11.- James Palmer, Students, professors flee violenceThe Washington Times, 19 de enero de 2007, citado por International Military Forums.
12.-El número de profesores universitarios asesinados en Iraq hasta agosto de 2011 asciende a 317.
13.- Véase relación de profesores asesinados en Iraq. Ambos profesores asesinados aparecen en la relación con los números 81 y 67 respectivamente.
14.- Véase relación de profesores asesinados en Iraq. La profesora Amal, de la Universidad privada de Al-Mansour, aparece en dicha lista con el número 161. Véase también, Iraq’s deadly brain drain, IraqiAmerican Chamber of commerce & Industry, 11 de mayo de 2008.
15.- Iraq’s Quiet Exodus, The Dailybeast.com, 15 de abril de 2007.
16.-Véase nota número 1 de este artículo.
Hugh Gusterson es profesor de antropología y sociología en la Universidad George Mason. Fue también profesor del programa de Ciencias, Tecnología y Sociedad del MIT. Es autor de varios libros, entre ellos Nuclear Rites: A Weapons Laboratory at the End of the Cold War (University of California Press, 1996) y People of the Bomb: Portraits of America's Nuclear Complex (University of Minnesota Press, 2004), y coeditor de Why America's Top Pundits Are Wrong (University of California Press, 2005) y de su continuación, The Insecure American (University of California Press, 2009).
Texto original en inglés en:   http://www.thebulletin.org/web-edition/columnists/hugh-gusterson/education-occupation
Traducido para IraqSolidaridad por Ricardo García Pérez